Las personas que ven vídeos sin auriculares en público suelen carecer de estas 7 cualidades básicas, según la psicología.


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1. Falta de autoconciencia

La primera característica que suele escasear es la autoconciencia, la capacidad de percibir cómo nuestras acciones afectan a los demás. Según estudios sobre cognición social, quienes reproducen vídeos en público sin auriculares suelen no detectar las miradas incómodas, los cambios de asiento o la tensión ambiental que generan. Muchos, incluso cuando se les señala, reaccionan sorprendidos: no se daban cuenta de que molestaban.

2. Déficit de empatía

A esta falta de autopercepción se suma la ausencia de empatía, es decir, de la habilidad de ponerse en el lugar del otro. Una persona empática se preguntaría: “¿Me gustaría escuchar el móvil de otro cuando intento trabajar o relajarme?”. Quienes carecen de esta capacidad no conectan su conducta con el malestar ajeno y priorizan su propia necesidad inmediata.

3. Escaso control de impulsos

Otra cualidad que suele faltar es el control de impulsos. Muchos de estos comportamientos responden a un «quiero ver esto ahora», aunque no haya auriculares a mano. La gratificación instantánea pesa más que la norma social o el respeto al entorno, igual que ocurre con quienes hablan en voz alta por teléfono en espacios silenciosos.

4. Baja conciencia social

La conciencia social, comprender las normas implícitas de cada entorno, también brilla por su ausencia. Bibliotecas, trenes, salas de espera o aviones comparten una expectativa tácita de tranquilidad. Sin embargo, quienes ponen vídeos en voz alta parecen no diferenciar entre un espacio público y su propio salón. Estudios sobre normas sociales apuntan a que algunos individuos simplemente no perciben estas reglas no escritas; otros, directamente, las ignoran.

5. Falta de respeto hacia los demás

Detrás de muchos de estos casos aparece una carencia más profunda: el respeto. Respetar implica considerar el bienestar de los demás al mismo nivel que el propio. Cuando una persona decide mantener el volumen alto pese a las quejas o advertencias, está demostrando que para ella sus deseos tienen más peso que el derecho del resto a un entorno tranquilo.

6. Poca conciencia situacional

En ocasiones no se trata de desinterés, sino de falta de conciencia situacional. Algunas personas simplemente no evalúan el contexto antes de actuar y no registran que están en un espacio compartido donde su comportamiento debería adaptarse. La psicología de la atención indica que quienes tienen menor sensibilidad al entorno son más propensos a comportamientos inapropiados sin pretenderlo.

7. Ausencia de responsabilidad personal

Por último, está la responsabilidad personal. Cuando alguien es avisado de que su conducta molesta, la reacción marca la diferencia: quienes poseen esta cualidad se disculpan y rectifican; quienes no, se ponen a la defensiva, culpan a los demás de ser «demasiado sensibles» o actúan como si la petición fuese una ofensa.

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@ondacero.es


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